El cuerno

¡Venganza, venganza!

Esas palabras no paraban de repetirse en la mente de Andrés desde la madrugada del catorce de septiembre. ¿Repetirse en su mente? Ahora no podría decir donde las oía pero parecía como si eso fuese lo que pasaba. Ahora estaba muerto. En esa noche del catorce de
septiembre murió. Al menos eso era lo que pensaba todo el mundo menos él  y otras dos personas que conocían la verdad. Había sido asesinado.

Cuarenta y siete minutos después de la medianoche de ese catorce de septiembre sintió el primer dolor agudo en el pecho, que se extendió velozmente a lo largo de su brazo, que le hizo mover instintivamente el otro brazo para oprimir la fuente del dolor, con el ingenuo propósito de detenerlo. Estaba en su casa, con Paloma, su mujer, y Carlos, su mejor amigo. Paloma era “la única mujer que he amado de verdad”, como no se cansaba de repetirla una y otra vez, aunque ella ya lo sabía. Carlos había sido su compañero infatigable desde hacía veinte años cuando se conocieron en el colegio, ante la puerta del director, cubiertos de barro hasta las orejas, antes de ser juzgados como cabecillas de la pelea de aquel día. Desde entonces habían pasado gran parte de su vida juntos, incluso ambos habían estudiado químicas y trabajaban en los mismos laboratorios. Nada de sus vidas escapaba al uno del otro. Aquella noche habían salido a celebrar el gran éxito de Andrés. Después de año y medio de investigación, por fin él había conseguido la sustancia capaz de cambiar la coloración de la piel, algo parecido al tinte del cabello pero para la piel. En cuanto se comercializase la gente podría elegir lo moreno o blanco que quisiera estar en cualquier época del año y cambiar fácilmente sin ser esclavo del sol y de sus riesgos. Al día siguiente cuando lo registrase, sabía que su cuenta corriente  empezaría a dispararse. Después de la cena habían ido a su casa a tomar la última copa. Cuando volvió del servicio encontró a las dos personas que más quería sonrientes, con una copa de champán en sus manos, a la vez que Paloma le tendía una tercera copa para él.

A penas un segundo después del primer dolor, oyó romperse violentamente la copa que hasta hace unos momentos tenía en su mano, como una premonición del estallido de dolor que sufriría su cuerpo a continuación. Los pinchazos en su corazón se repetían cada vez a mayor velocidad y frecuencia. Su cuerpo empezó a convulsionarse. Notaba como se golpeaba una y otra vez la cabeza contra el suelo y su boca se llenaba de espuma. De repente el dolor paró.

Cincuenta y un minutos después de la medianoche, su corazón se paró totalmente, su sangre dejó de circular por sus venas y su cerebro detuvo su funcionamiento. Pero el seguía allí, seguía presente en la habitación, podía verlo todo, permanecía en contacto con su cuerpo, pero a la vez podía verse a si mismo tendido en el suelo. Más tarde habría preferido desaparecer de allí, haber ido al cielo o al infierno pero no haber sabido jamás lo que su presencia espiritual le hizo descubrir después.

Ya no sentía ningún tipo de dolor físico. La visión de su propio cuerpo sin vida le sumió en la realidad de su muerte. Miró a Paloma y Carlos. Ellos también miraban su cuerpo, inmóviles.

– ¡Dios mío, Carlos! ¿Ha muerto ya?- preguntó Paloma notablemente nerviosa.

– Sí.- respondió tras acercase al cuerpo y comprobar que ya no tenía pulso.

– ¿Tenía que ser tan cruel para él? – volvió a preguntar Paloma con una lágrima recorriendo su mejilla.

– No había otra manera, cariño – respondió Carlos – otra muerte menos dolorosa podría dejar pruebas. La toxina que le hemos dado provoca los mismos síntomas de un paro cardíaco, y es prácticamente imposible de detectar. Tranquilízate mi amor, ya acabó todo, ya podremos amarnos libremente y cuando mañana presente el descubrimiento de Andrés como mío podremos hacer realidad cada uno de nuestros sueños.

Le enterraron el quince de septiembre en el jardín de su casa. Su hermano le dijo  a Paloma que una vez hablando con Andrés le había confesado que si muriese querría que le enterraran en la pequeña parcela  donde intentaba hacer crecer sin éxito el naranjo que él le regaló en su boda. “Seguramente fue en un bar y los dos borrachos, al borde del coma”, pero accedió. De todas maneras ya tenía pensado vender la casa.

Ahora, cinco metros bajo la superficie recordaba como al presenciar el diálogo entre Paloma y Carlos momentos después de su muerte, había intentado gritar, golpearles, pero no pudo. Era curioso, estaba muerto y no tenía ninguna sensación física pero sin embargo podía recordar y podía sentir dolor, ira y deseos de venganza. No sabía que era lo que más le dolía, si el que le hubieran asesinado o que hubieran traicionado su amor y su amistad. Desde su tumba podía verlos, en su propio cuarto, amándose por primera vez desde que le mataron. Ella sobre él y él dentro de ella. Furia, rabia y cólera invadieron el ataúd de su descanso eterno. La uña del dedo anular de su mano derecha comenzó a crecer. Atravesó
con facilidad la madera de la caja y siguió creciendo bajo el jardín, avanzando hacia la casa. Llegó a los cimientos y empezó a romperlos, subiendo hacia la habitación, alimentando la dureza de la uña la ira provocada por la visión de los dos amantes. Al fin quebró el suelo del dormitorio e irrumpió bajo la cama. Su uña parecía transmitirle hasta la tumba la explosión de pasión del cuarto.  La uña siguió avanzando. No tuvo ninguna dificultad para atravesar el colchón. Los amantes se abrazaban. Primero atravesó el corazón de él y luego el de ella.

Y es que, la uña también es cuerno.

J.M.M.

2/10/97

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5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Jorge Moreno dice:

    Es fácil de advertir el paso del tiempo y el avance de la ciencia en los más de trece años que han transcurrido desde que escribí este relato. En 2011, me inscribí a un taller de escritura, en el que uno de los ejercicios era escribir un relato corto. La cercania en el tiempo entre la fecha de entrega del relato y el nacimiento de mi hijo, me llevó a un ejercicio de autoplagio, en el que utilicé, este relato adaptándolo a la época actual. Pero siempre he tenido un cariño especial por este relato, por lo que aquí incluyo su versión original.

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  2. A mi me ha encantado. Mucha imaginación, ameno en su lectura que te llega a enganchar, y al final la satisfacción de la venganza que, aún a última, hora esperas que sea un sueño. Eso me ha pasado a mí. Imaginé que sería un mal sueño,debido a la celebracíon por el éxito y pasarse con el champán. Por tanto, un relato estupendo.

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    1. Jorge Moreno dice:

      Muchas gracias por el comentario. Me alegro de que te haya gustado

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    1. Jorge Moreno dice:

      Muchas gracias, Marta.

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