One tree hill

One tree hill.

Todavía sonaba la canción de U2, cuando la primera gota de sangre abandonó el cuchillo que segundos antes estaba en el vientre de su mujer, para estrellarse en el suelo.

La música cesó y él pareció despertar súbitamente. Soltó el cuchillo. No podía creer lo que había hecho. Esa maldita canción, que su mujer le repetía cada mañana, día tras días. One tree hill. Cada mañana se clavaba en su cerebro. Hasta esa mañana.

El mismo sonido le había despertado. One tree hill. Se acabó. Se levantó convencido de los actos que iba a realizar. One tree hill. Resonaba en su cerebro. Atravesó el pasillo y llegó a la cocina. Ella estaba allí. Tarareando esa horrible canción como cada mañana en los últimos seis años. Le miró desafiante, esperando su reprimenda por esa tortura. El no lo hizo. Eso debió hacerla sospechar, pero solo le inundó una sensación de victoria. Se volvió y miró por la ventana mientras seguía tarareando. El fue hacia el mueble vigilando la espalda de ella. One tree hill. Lo abrió y saco el cuchillo más grande. Avanzó hacia ella. Ella seguía tarareando, sabiendo de su presencia cada vez más cercana, provocándole. One tree hill. Ya estaba a su lado. Ella seguía de espaldas. Se acercó a su oreja. Ella sintió un calor como hacía tiempo no sentía, y por un momento se arrepintió de aquella tortura que
le había inflingido todas las mañanas desde hacia seis años. A escasos centímetros, él la susurró “One tree hill”. La sensación de calor se transformó en gelidez. Se levantó y giró instintivamente, para recibir en su vientre el frío desgarrador del cuchillo. Empezó a marearse. Iba perdiendo el sentido. Tan solo le dio tiempo de ver el rostro sádico de su marido moviendo los labios y repitiendo al son de la música: “One tree hill, one tree hill.”

J.M.M.

1998

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Jorge Moreno dice:

    Este relato surgió en una noche de fiesta en Barcelona. Alguién que no conocía y que no he vuelto a ver me comentó que había una canción de U2 que se llama “One tree hill”, que había matado a una persona en Estados Unidos. Yo no suelo dar mucho crédito a las cosas que me cuentan en estado de embriaguez, ni las que me dicen que han pasado en Estados Unidos, pero no se cuál fue la razón de que se me quedara grabado. Busqué la canción, me la grabé en un cassette, repitiéndola tantas veces como fueron necesarias para completar toda una cara, y la estuve escuchando una y otra vez durante algún tiempo. Después llegué a la conclusión de que así debió ser como la canción asesina cometió su crimen.

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