Ellos

EL

Recuerdo la primera vez que la vi, o al menos fue la primera vez que me fijé en ella. Fue en verano, en agosto. Yo estaba de vacaciones en un pueblecito costero. El mar, su brisa, el calor del verano por el día y su suavidad envolvente por las noches. El marco idílico deseado que hubiese sido perfecto si no hubiese faltado un pequeño detalle. Mi novia no estaba allí. Habíamos planeado aquellas vacaciones desde hacía un par de meses. Dos días antes de empezarlas la llamaron para trabajar. Demasiado tiempo buscando ese trabajo y demasiado atractivo para rechazarlo. “Ve tú”, me dijo, “te vendrá bien relajarte”. Al principio no me hizo ninguna gracia la idea, pero era cierto que últimamente había estado muy estresado en el trabajo. Necesitaba un descanso y podría soportar quince días separado de mi amor. Por aquel entonces yo estaba muy enamorado de mi preciosa rubita, como a menudo la llamadb. Hubiese negado a cualquiera que lo insinuase que se pudiera sentir más amor por alguien que el que yo sentía por ella. No dejé de llamarla por teléfono ni tan siguiera uno de los quince días de mis vacaciones.

Y en esa situación fue como me fijé por primera vez en ella. Aquel había sido mi tercer día allí. Ya por la noche, como las dos noches anteriores esperaba mi turno ante las cabinas telefónicas. Desde una de ellas, la más alejada, me llegó el sonido del auricular al colgar. Me acerque llegando en el momento que ella se giraba. Su rostro entre melancólico y feliz me llenó de calidez. Me miró ligeramente, sumida en sus propios pensamientos, rió tiernamente y se fue. Una visión angelical antes de hablar con mi chica. Probablemente ella tendría la misma expresión en el rostro cuando colgase después de hablar conmigo, que la que tenía esa chica. Ese pensamiento me alegró y marqué su número.

ELLA

El primer recuerdo que conservo de él es en la cabina de teléfono junto a la casa de mis padres. Aquel verano en que le conocí, mi novio se había ido durante veinte días a un cursillo fuera del país. Cada noche le llamaba, esperando en la cola, acariciando con mis dedos el anillo que me había regalado la noche antes de irse, cuando me pidió que me casara con él. Hacía diez días que se había ido y recuerdo que cada noche aguardaba la hora de llamarle para volver a oír su voz. Y así fue como le conocí a él. “¿Eres la última?”, me preguntó sonriendo. Asentí. No recuerdo si llegué a pronunciar alguna palabra. Un teléfono libre me hizo reaccionar y volé hacia él. Cuando terminé de hablar con mi novio fui a casa y no le vi. Recuerdo que aquella noche soñé con él. Yo estaba en la cabina marcando y era él el que respondía a mi llamada.

EL

Pasaron un par de días hasta que mantuve una conversación con ella. Fue en la cola del teléfono. Había mucha gente esperando y coincidimos. “Vaya, vamos a tener que dejar de vernos de esta manera”, le dije. Sonrió. Estuvimos charlando cerca de veinte minutos esperando nuestro turno. En realidad a mi me parecieron veinte segundos, pero sé que fue ese el tiempo porque mi novia me recordó que me había retrasado veinte minutos. Así pasaron nueve días, charlando en la cola del teléfono mientras esperaba para hablar con mi novia y descubriendo a la mujer más maravillosa que jamás conocí.

ELLA

La primera vez que estuve hablando con él pensé que tan solo era un ligón, pero poco a poco descubrí que era un chico encantador. Divagaba sobre a cual de mis amigas presentárselo. Me sorprendía a mi misma inquieta, deseosa de ir al teléfono para poder hablar con él antes de hablar con mi novio. Así pasaron nueve días.

EL

Fue el noveno día cuando justo los dos colgamos el teléfono a la vez y coincidimos por primera vez después de hablar por teléfono. “Vaya, parece que por fin vamos a dejar de vernos de esta manera”, me dijo. No entendí lo que quería decir, pero ella si pareció comprender mi rostro de extrañeza. “Mañana vuelve mi novio y ya no tendré que venir a llamar por teléfono”. Al oír esto me sentí embriagado de sentimientos sin poder controlar mis actos ni mis movimientos. La abracé y la besé largamente, aunque no podría precisar si fue un segundo o un millón de años.

ELLA

Todavía recuerdo el beso de sus labios cuando le dije que ya no volvería a llamar por teléfono. Jamás he sentido recibir tanto amor como el que me transmitió aquel beso. “espera, esto no puede ser, yo me voy a casar y quiero a mi novio, y tu también quieres a tu novia”, le dije esperando que él me diera una razón para hacerme ver que estaba equivocada. “Lo siento, me he dejado llevar, creo que tienes razón”. Me respondió. Después de esto, no le volví a ver.

EL

Ella y yo supimos que aquello era una locura. De aquella noche hace ya diez años y en todo este tiempo no la he vuelto a ver, sin embargo a veces lo recuerdo y entonces me descubro a mi mismo con una leve sonrisa en la boca.

ELLOS

– Perdona, ¿eres la última?.

– Sí. – respondió ella volviéndose – pero voy a… ¿Tú no eres…?

– Sí, y tu eres….

– Sí, pero que casualidad, no me creerás pero estaba recordando aquel verano en que te conocí, ¿cuánto hace?, ¿nueve? ¿diez años?.

– Ya hace diez años, pero parece que sigues manteniendo las mismas costumbres – dijo él señalando al teléfono. ¿Qué ha sido de ti estos años?. ¿te casaste con…?

– No, al final no, no estaba preparada. ¿Y tú y tu novia?

– No, al final no. – el silencio les inundó por dos segundos – ¿Tienes prisa? Podríamos charla un rato. ¿Quién sabe cuánto tiempo tiene que pasar para que volvamos a coincidir en un teléfono?

Ella se sintió como si estuviera en aquel pueblecito diez años atrás, en la noche en que se despidieron y le invadió una sensación que en nada le era desconocida a él. Esta vez fue ella quien se acercó y le besó, retrocediendo el tiempo y uniendo sus labios a través de diez años.

– Vaya, – dijo él – definitivamente creo que deberíamos dejar de vernos de esta manera.

J.M.M.

10/04/1998

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Jorge Moreno dice:

    Este relato es de cuando los móviles no estaban tan generalizados como en los últimos años y en verano se hacían largas colas en las cabinas telefónicas de los sitios de veraneo para poder hablar por teléfono. Ahora quizá está un poco desfasado. Es de nuevo un poco moña, pero he de confensar que a mi me encanta.

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  2. Orgav dice:

    Es precioso, diferente a lo que estoy acostumbrada a leer de ti pero es un relato precioso. Me gusta mucho ese estilo de mezclar los focos de narración entre los personajes. Me ha encantado. Un saludo.

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    1. Jorge Moreno dice:

      Muchas gracias Verónica. me alegro de que este estilo también te guste.

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