Príncipes verdeazules. Capítulo 4

Puedes leer el capítulo 3 en http://silviaag.blogspot.com.es/2011/11/principes-verdeazules-capitulo-3.html

Capítulo 4

Cars 2 se sale. Sé que parece pueril, pero no me avergüenza reconocerlo: disfruto como un enano con las películas de dibujos. De hecho creo que fui al que más le gustó de los cuatro.

Ir al cine con los panchos me encanta, pero tiene sus inconvenientes. Los panchos, son mis sobrinos. Los llamo así porque los tres se llaman Francisco. Mi hermano, casado por tres veces con fracasos estrepitosos, tuvo un hijo con cada una de sus ex-esposas.  Ellas tienen en común muchas cosas y una de ellas es su pasión por el nombre de Francisco, por lo que tuvieron muy claro cómo llamarían a su hijo, a pesar de que tendría un hermanastro con el mismo nombre, en el caso del segundo y dos en el caso del tercero, a lo que Javier, entre su amor y sus remordimientos, no se opuso. Al principio me vino bien, debido a mi problema para recordar los nombres, pero luego empezó a ser un poco molesto cuando llamaba a uno y se daban la vuelta dos, así que decidí llamar Fran al mayor y Cisco al segundo. Sencillo y fácil de recordar. No me imaginé entonces que mi hermano podría volver a casarse, tener otro hijo y que su mujer también insistiese en Francisco. Dicho sea a mi favor, era bastante improbable. Pero ocurrió. Así que al pequeño le llamo Aranda, que es nuestro primer apellido. Así, si mi hermano persiste y sus futuras esposas insisten, tengo apellidos de sobra para continuar. Tres nombres fáciles de recordar. Y cuando estoy con los tres y les llamo “Fran, Cisco, Aranda”, llamo a los tres y a cada uno de ellos ala vez. La santísima trinidad. Los tres mosqueteros. Todos para uno y uno para todos.

Como decía, salir con los panchos tiene sus inconvenientes. Anoche yo estaba liado intentando olvidarme de Paula. Probé tonteando con la taquillera, con la de las palomitas y con la acomodadora, todas ellas majísimas, pero al ver a mis sobrinos me miraban con cara de pánico y solo me daban la vuelta. Incluso la acomodadora me devolvió la propina.

Por terminar la crítica de Cars2, a Fran, que ahora tiene diez años, le pareció para críos, y hubiera preferido ir a ver Transformers. Cisco, que tiene siete años, se paso toda la película, diciendo que quería ver a su padre, así que tuve que dejarle el móvil para que le llamara varias veces. Aranda, que tiene cuatro años, se quedó dormido y no entendió nada. Pero yo os la recomiendo. Eso sí, intentar ir sin niños.

Esta mañana nos hemos levantado cuando  nos ha despertado Cisco, pidiéndome el móvil para llamar a Javier. Les he hecho unas tortitas y nos hemos ido al parque ha esperar a mi hermano. Cuando le han visto aparecer, los tres han salido corriendo a abrazarle. Cisco ha llegado primero. Yo se que Fran le ha dejado ganar. Es un buenazo.

Después de los besos y abrazos, los panchos han seguido jugando y me he quedado a solas con Javier. A nuestro lado un perro empezaba a olisquear a una perra y he empezado la conversación con lo primero que se me ha ocurrido.

– ¿Qué tal tu cita con Mar?

– Marta. Se llama Marta. ¿de verdad que no lo haces aposta, Miguel? Si no es aposta, deberías ir al psiquiatra.

– Perdona, Javi, ya sabes que me lío. Pero, ¿qué tal?.

– Bien. Genial. Es estupenda, maravillosa. Por cierto, toma las llaves de tu casa.

– Espero que me hayas cambiado las sábanas.

– No ha hecho falta. No terminamos allí.

Un escalofrío recorrió mi espalda. No podía ser verdad. Pero no perdí la esperanza. Traté de que no se me notase y le lancé la siguiente pregunta, con la esperanza de obtener una respuesta afirmativa:

– Entonces, ¿fuisteis a su casa?

– No.

Tan solo dos letras y el inmenso pánico que provocan.

– Por Dios, Javi, dime que te la tiraste, en el coche, en el portal, o aunque sea en un callejón, pero dímelo. – le grité fuera de mi.

– No Miguel, no me la tiré.

Si algo he aprendido de Bruce Willis es que nunca hay que perder la esperanza. Así que traté de serenarme y buscar la respuesta que quería.

– ¿Qué? Maravillosa, majeta, pero un callo malayo, ¿verdad?

– Que va. Es muy atractiva y llevaba un escote que me hacía bizquear.

Todo estaba perdido. Javier Aranda, treinta y nueve años, mi hermano, dotado con el gen de los Aranda que le hace irresistible a la mayoría de las mujeres, en su larga lista de ligues desde que cumplió los diecisiete, se acostó con todas en la primera cita, menos con tres, las mismas que tienen un Francisco Aranda en su casa y un ingreso de mi hermano en su cuenta corriente el día cinco de cada más. Empecé a sentirme mareado. Una nueva cuñada, ex-cuñada, María o cómo diablos se llamara. Y un nuevo sobrino, Gutiérrez tocaba. Parecía que todo empezaba a darme vueltas y que iba a desmayarme, pero las siguientes palabras de mi hermano me salvaron:

– Y lo intenté, y nos íbamos a ir a tu casa cuando nos pilló Claudia.

¡Claudia! La madre de Cisco. ¡Bendita ex-cuñada!. Claudia es mucho de pillar. Pilló a Javier con Virginia, la madre de Aranda, haciéndose arrumacos en un restaurante cuando pensaba que estaba de viaje en Barcelona. Entonces pilló un florero y se lo lanzó a Javier a la cabeza. El no lo pilló y le quedaron tres puntos de recuerdo por encima de la ceja derecha.

No estaba todo perdido. Había causa mayor para el trágico final sin sexo de primera cita. Era la primera vez, pero podía considerarse excepcional.

– Entonces empezaron a liarse las cosas- continuó Javier- aparecieron unos amigos de ella y terminamos cantando en el karaoke hasta las tantas.

Maldita palabra. Mi momentánea felicidad se vio atacada por un pinchazo en la vejiga.

– Y cantamos tu canción.

Mierda. Salí corriendo a los aseos del parque, deseando ser perro y aliviarme en el primer árbol.

Cuando volví, Javier tenía media sonrisa en su cara, dedicada a mi incidente.

– Te tengo que pedir un favor – me dijo.

– Dispara – temblé.

– Necesito que mañana devuelvas tú a los panchos a sus madres. He quedado con Marta. Creo que es una mujer muy especial. Iremos al cine. ¿qué nos recomiendas?

– Cars 2 – balbuceé (una mujer especial, no me lo puedo creer).

Se rió. No sé por qué, lo dije en serio. Está muy bien.

– Creo que iremos a ver la última de Woody Allen o de Haneke.

Especial, una mujer especial. Inaudito. Se giró y gritó:

– ¡Fran Cisco Aranda, vamos chicos!

Los tres se giraron y corrieron hacia nosotros. Especial, pero ¿cómo de especial?. ¿Especial de rara, inaguantable? o ¿especial de obligará a mi cuarto sobrino a llamarse Francisco?

– Nos vamos a comer. ¿Te apuntas?

– Algunos tenemos una ex-novia que olvidar, ¿sabes? – le dije enfadado.

Abracé a mis sobrinos y me fui caminando lentamente hasta mi casa impoluta, con mis sábanas sin cambiar, con un solo pensamiento en la cabeza:

– Especial. ¿Por qué?, ¿por qué?

 

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Imara dice:

    Jejejej, la trama se complica…no se cuantos capitulos son, pero como siga así no empiezo a trabajar…A la hora de la comida leo el 5º, jejeje…;)

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  2. Carmen dice:

    Me encanta la historia, me encanta tu blog (aunque tiene tantas cosas que no sé por dónde empezar, pero ya lo iré “desmenuzando”), me encanta la presentación… y me encanta este día 29 de marzo que, de puro aburrimiento por no tener nada que hacer, lo he descubierto por pura casualidad.
    Fiel seguidora tuya…
    Carmen.
    P.S. ¿cómo hago para suscribirme?

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    1. Jorge Moreno dice:

      Muchas gracias Carmen. Yo encantado de tu encantamiento. Para suscribirte mira en la columna de la derecha, arriba, donde pone “Suscripción por correo electrónico” y creo que con poner tu email vale.
      Muchas gracias de nuevo,

      Jorge.

      Me gusta

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