El patito de goma rosa

La mañana  que Agapito Martínez empaquetó sus escasas pertenencias de la mesa que hasta entonces había sido su puesto de trabajo durante ocho horas diarias remuneradas (y otras cinco no remuneradas) durante los últimos veinticinco años, ignoraba que se había puesto en marcha el mecanismo que le lanzaría a la cima del éxito.

Agapito, varón, raza blanca, de cincuenta y tres años de edad, casado, salió de las instalaciones de su ya ex empresa, con un talón en el  bolsillo de su chaqueta en el que había una cifra escrita inferior a las incógnitas que le presentaba su futuro.

Pito, como le llamaban sus compañeros de trabajo, fue a su casa sin saber como contarle la noticia a su mujer. Sus dudas se disiparon enseguida. Al entrar vio un maletín abierto, desconocido para él, del que salía un pato de goma de color rosa. También desconocido para él, era el hombre que estaba introduciéndose en su mujer sobre el sofá donde, cada noche, , al volver del trabajo caía dormido después de cenar.

– Aga –que así es como le llamaba su mujer-, esto no es lo que parece.

– Parece que este caballero está realizando un coito contigo.

– ¡Ah!, entonces sí es lo que parece.

Se acercó a ellos, ante la cara de preocupación del amante. Se detuvo a la altura del maletín y agarró el patito de goma de color rosa. A veces hacía ese tipo de cosas sin sentido, no sabía por qué, pero las hacía. Se dio la vuelta y salió por la puerta sin decir palabra.

– Siempre ha sido un mal educado –oyó decir a su futura ex esposa.

Fernández, como se empeñaba en llamarle el director general de su ya ex empresa, se dirigió al banco más cercano a cobrar su cheque. Con la conmoción del día, en vez de entregar el talón en la ventanilla, mostró el patito rosa de goma. La cajera extrañada, llamó al guardia de seguridad, que al llegar a  su altura se vio interrumpido por los gritos de tres enmascarados que irrumpieron en la entidad con escopetas de cañones recortados, obligándole  a desenfundar su arma y lanzar el alto a los asaltantes. Uno de ellos abrió fuego en dirección del vigilante, que se había situado tras el señor Martínez, que les miraba atónito, sujetando el patito de goma de color rosa entre sus manos. La bala impactó en el patito, frenando su velocidad y desviando su trayectoria, hacia el bolsillo de su chaqueta donde guardaba el cheque de su indemnización. Meapilas, como le llamaba su pronto ex suegra, ajeno a la herida provocada por la bala, sacó el cheque y comprobó que estaba agujereado, miró el patito perforado y se lanzó a la carrera hacia los atracadores, gritando y agitando el juguete sobre su cabeza. Los ladrones, desconcertados, salieron corriendo de la sucursal, donde les detuvo la policía.

Al salir, Agapito Martínez fue aclamado como un héroe por los allí presentes y una manada de periodistas se abalanzó sobre él, interrogándole por su nombre. Él dudo un instante y, al fin, habló.

– George Clooney.

Siempre había querido llamarse así.

En los siguientes días, mientras se recuperaba de la herida provocada por la escopeta, el banco le abrió una cuenta con una generosa recompensa que multiplicaba en mucho el importe del talón perforado y la compañía que fabricaba los patitos de goma rosa le contrató para hacer un anuncio de su juguete.

Su popularidad se fue incrementando. Programas de televisión, varios libros, una serie. Su fama traspasó fronteras. George Clooney demandó a George Clooney, por uso ilegítimo deEl patito de goma rosa su nombre, incrementando aún más su popularidad. Hollywood no tardó en llamar a su puerta. Su fama llegó al punto que ya nadie recordaba que una vez hubo otro George Clooney que anunciaba máquinas de café.

Unos años después, volvió a su antigua ciudad de visita y paseando se encontró al director de la casi olvidada empresa dónde un día trabajó.

– ¡George! qué alegría verte -le dijo intentando acercarse a abrazarle-. Siempre he querido decirte que siento mucho lo de haberte despedido, no fue cosa mía, los asesores, ya sabes.

Mr. Clooney recordó, sonrió y le contestó:

– No hay mal que por bien no venga.

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15 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Mari dice:

    Me asombras cada vez mas Jorge, que imaginación. Como todos tus relatos cortos, siempre, me interesan llegar a leerlos hasta el final. Bravo.

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  2. marielaparma dice:

    Preciosa entrada!!! Podrías por favor pasar y dar tu opinión y si puedes votar, en buena hora, por: http://lablogoteca.20minutos.es/todo-preescolar-15750/0/
    Ya faltan dos días nada más para poder votar!! Hasta el 3/2/12.
    gracias!!

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    1. Jorge Moreno dice:

      Votada, me ha parecido muy interesante tu blog. Un saludo.

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  3. marablanco dice:

    Interesante, me ha gustado. Me quedo con el final, con la frase. “No hay mal que por bien no venga”

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  4. Marta Fontán dice:

    !Que ocurrencias tienes!. Soy tu fan

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    1. Jorge Moreno dice:

      Gracias fan. Al fin te encuentro. Me gusta la palabra “ocurrencias”, más que otras que me han dicho chalado, enfermo, pirado. ¡Gracias!

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  5. artemisia dice:

    Me ha gustado tu arranque… por aquello de no repetir lo de ocurrencia.
    Un placer pasar por tus letras.

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    1. Jorge Moreno dice:

      Muchas gracias. Estás siempre invitada.

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  6. rafasastre dice:

    Muy muy bueno. Un texto estrafalariamente divertido, Jorge. Felicidades.
    Y apuesto a que en realidad tienes un patito de goma rosa.

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    1. Jorge Moreno dice:

      Me has pillado, Rafa. A veces hay que recurrir a los objetos cercanos para inspirarse.
      Me alegro de que te haya gustado.
      Saludos

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  7. Me encantó. Gracias por regalarme una carcajada este día y sobre todo gracias por compartirlo, en estos tiempos en donde los escritores guardan sus escritos bajo llave cuidandolos como un tesoro es agradable encontrar que todavía hay gente que piensa mas en compartir que en “tengo que reservar mis cuentos para cuando la Mondadori descubra mi genio creativo”.
    Con tu permiso lo compartiré con mis estudiantes para trabajo de clase. 🙂

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    1. Jorge Moreno dice:

      Muchas gracias. Me alegro de que te haya gustado. Para mi es una satisfacción que lo utilices en tus clases y te agradezco que lo compartas.

      Saludos.

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  8. Efrén Díaz dice:

    Un relato ameno y divertido que se lee completo. Gracias.

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    1. Jorge Moreno dice:

      Muchas gracias, Efrén. Me alegro de que te haya gustado.

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