El amigo invisible

Las últimas navidades, el director general de mi empresa encontró una forma fantástica de afrontar la crisis: motivar al personal para que fuésemos más productivos.

Para ello tuvo la genial idea de que para compensar la reducción de sueldo, el aumento de jornada, la supresión de beneficios sociales y el tener que acudir al trabajo con unas esposas y sustituir el “buenos días” por un “sí bwana”, lo mejor era organizar un amigo invisible entre todos los empleados, para unir lazos y ser todos uno y conseguir lo que para nosotros debía ser el objetivo común en ese momento: solventar la crisis y poder financiar el nuevo BMW del director.

Yo no lo entendía muy bien y por mi se podía haber metido la idea en su rincón más invisible, pero supuse que cobrando un sueldo de seis cifras al año, su inteligencia era inabarcable para mí.

Lo único positivo era que el límite de gasto era de diez euros, por lo que el quebranto no sería mucho, así que pensé que podría apañarlo con una mierda de broma, como metáfora de lo que me parecía la ocurrencia y como éramos mil trabajadores, el afortunado al que le tocase nunca sabría que yo era el autor del regalo.

Un día de diciembre recibí un email con el compañero agraciado con el excremento de goma: José María de Atieza. Mierda, pero no de broma. El director general.

De novecientas noventa y nueve opciones tenía que tocarme el único que seguro sabría quien le hacía el regalo y con capacidad para tomar represalias si no era de su agrado. Ahora mi puesto de trabajo estaba en juego. ¿Qué se le regala por diez euros a un hombre que lo tiene todo? ¿Amor? ¿Amistad? ¿Sexo?

De todas las opciones, el sexo parecía la menos traumática. Por sus comentarios hacia el género femenino sabía que mi regalo no podría gustarle, así que se lo propuse a mi mujer. A ella no le pareció bien sacrificarse por mantener mi trabajo. Siempre había sospechado que era un poco egoísta, pero aquello me lo confirmó.

Pensé en saltarme el límite de importe. Evalué mi efectivo, los ahorros, el fondo de emergencia, mi capacidad de endeudamiento y estimé que podría subir hasta trece euros. Sería insuficiente.

Estaba perdido. Mi vida laboral estaba acabada en esa empresa. Fue horrible mientras duró, pero era mi trabajo, el único que tenía.

Desde entonces dediqué todo mi tiempo a rehacer mi currículum, buscar ofertas de empleo por internet e intentar encontrar un futuro. Esto me ocupaba todo el día, quedándome en la oficina hasta la madrugada, incluso iba sábados y domingos. El mercado laboral está muy mal y cualquier esfuerzo era poco.

Esa actividad frenética mejoró mi vida personal ya que desde que pasaba tanto tiempo en la oficina, mi mujer estaba mucho más contenta.

Así llegó el día del amigo invisible. Recogí mis pertenencias y me dirigí a la sala habilitada para la apertura de regalos. Cuando llegó el turno del director general, es decir, el primero, tomó la palabra y dijo:

-Yo no he tenido regalo.

Mierda, con tanto follón se me había olvidado envolverla y entregarla.

-Esto… yo… lo siento… -balbuceé- he estado un poco liado.

-Lo sé, he revisado tu actividad de las últimas semanas.

Empecé a besar a mis compañeros.

-Y quiero poneros a este hombre como ejemplo…

¿Cómo?

-A pesar de tener que regalarme a mí, ha preferido dedicar su tiempo incansablemente a trabajar por la empresa. Qué digo por la empresa, por todos nosotros, trabajando hasta la madrugada, sábados y domingos incluidos, en vez de preocuparse por pelotearme con mi regalo. Hombres como tu son los que necesitamos en este país. Un aplauso para él.

Desde entonces soy adjunto al director. Cobro mucho y hago que trabajo mucho. Mi mujer sigue contenta porque ahora mis ingresos son mucho más altos y paro poco en casa. Nunca le he preguntado si al final accedió a mi súplica para que fuese cariñosa con mi jefe. Hay cosas que uno prefiere no oír. Además, estoy seguro de la respuesta.

Nadie podría ser tan imbécil, aunque cobre un sueldo de seis cifras al año.

Publicado en a:Ditoday
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12 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Carmen dice:

    Muy bueno, me ha hecho reir. Bien escrito. Sigo y leo todos tus post, aunque no los comente.
    Saludos.

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    1. Jorge Moreno dice:

      Gracias Carmen, por tu seguimiento

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  2. sag dice:

    jajajajajajaja ¡¡me partoooo!!….Muy bueno

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    1. Jorge Moreno dice:

      Muchas gracias Silvia

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  3. Me encanta! Fan confirmada 🙂

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  4. Buenísimo!!! jajajaja!!! Lo de la “mierda de goma” me ha hecho reir!!! Biennn!!!

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    1. Jorge Moreno dice:

      Muchas gracias. No sé por qué siempre me atrajeron y repelieron por igual.

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  5. afrikaafrika dice:

    Buenas noches, Jorge. Es la primera vez que leo algo en este grupo y me dan ganas de contestar, pues a parte que me ha enganchado, me encuentro en una situación similar con la GRAN diferencia que mi jefa es mujer y yo también y te aseguro que la cosa es totalmente diferente. ¿Alguna alternativa?
    Abrazo

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    1. Jorge Moreno dice:

      Pues tal como están las cosas no me atrevo a aconsejar nada, a ver si alguien se lo toma en serio y sale en el Consejo de Ministros.
      Gracias por leerme.

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  6. Andrea dice:

    Muyyy pero muyy bueno Jorge, es tarde porq sino seguia leyendo tus cuentos. pero como sé q no se van mañana volveré a tu blog

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    1. Jorge Moreno dice:

      Me alegro de que te gusten. Aquí están siempre que quieras.

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